{"id":2291,"date":"2013-02-01T15:40:10","date_gmt":"2013-02-01T15:40:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/?p=2291"},"modified":"2023-02-13T12:21:21","modified_gmt":"2023-02-13T12:21:21","slug":"donde-aprendiste-a-cocinar-o-por-que-se-remojan-las-lentejas-preguntas-cotidianas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/?p=2291","title":{"rendered":"\u00bfD\u00f3nde aprendiste a cocinar? o \u00bfPor qu\u00e9 se remojan las lentejas?: preguntas cotidianas"},"content":{"rendered":"<p>Estoy cocinando lentejas. Empiezo a cortar puerros, calabacines. Los rehogo. Espero a que pierdan la verg\u00fcenza, expresi\u00f3n que hoy me parece algo cursi, incluso antigua. Expresi\u00f3n que le\u00ed o escuch\u00e9 en alg\u00fan momento de mi vida a alguien, qui\u00e9n sabe d\u00f3nde, para describir el momento exacto en el que la cebolla estaba lista en un sofrito para dejarse seducir por el resto de ingredientes. Expresi\u00f3n que siempre que fr\u00edo gajos de la llorona me viene a la cabeza.<\/p>\n<p>Las palabras y la cabeza.<\/p>\n<p>Pelo zanahorias, corto el br\u00e9col y la coliflor. Los a\u00f1ado a la olla que se va ti\u00f1endo de colores vegetales. Aspiro el aroma. Estoy cocinando.<\/p>\n<p>Esta ma\u00f1ana te has despedido m\u00e1s tierno de lo normal. Me has susurrado al o\u00eddo. Te has ido dejando un fasc\u00edculo entero de amor por entregas, para compartirlo m\u00e1s tarde. En el aire fr\u00edo de la ma\u00f1ana flota una urgencia pospuesta&#8230;mi catarro nos tiene en toque de queda, en cuarentena forzada.<\/p>\n<p>A\u00f1ado unos ajos. Enteros, tienen que ser enteros. Me encantan los ajos enteros en las lentejas. Mi madre los pone as\u00ed. Me gusta que me toque uno en el reparto comensal. Descubrir maravillada c\u00f3mo el sabor del ajo es tan diferente en cada uno de sus estados: frito es m\u00e1s picante y agresivo; cocido, m\u00e1s dulce y suavizado, casi despojado de su car\u00e1cter rebelde. Siempre me saben a poco los ajos enteros en las lentejas, as\u00ed que hoy voy a poner muchos.<\/p>\n<p>Estoy cocinando y entonces empiezo a hilar ideas. Las palabras empiezan a bailar en mi cabeza, como en una receta. Siempre que tengo ganas de escribir me pasa eso. Ellas empiezan su danza y trato de acostumbrarlas al ritmo de lo cotidiano.<\/p>\n<p>Tranquilas, ya luego vamos, les digo.<\/p>\n<p>Pero no paran, las palabras danzan fren\u00e9ticas, se resisten a ser sometidas. Reclaman su chorro de protagonismo en mi atareada cabeza. Quieren mostrarse visibles, campear en una hoja en blanco, en un archivo de una plantilla del pages de mi Mac, seleccionado, para servir al capricho de estas tipograf\u00edas. As\u00ed que para distraerme, o distraerlas, a\u00f1ado las lentejas. Las he puesto en remojo esta ma\u00f1ana. Ya s\u00e9 que hay que hacerlo la noche antes, pap\u00e1, pero ayer, con la febr\u00edcula de la tarde se me olvid\u00f3. \u00bfSer\u00e1 suficiente tiempo? \u00bfQuedar\u00e1n duras? \u00bfPor qu\u00e9 hay que poner las lentejas en remojo? Supongo que para que se ablanden, \u00bfno? Claro. Luego vemos e internet, pero es por eso seguro. Si, ya s\u00e9 que hoy todo el mundo usa lentejas de bote ya cocidas y garbanzos cocidos&#8230;\u2028Pero a mi me gustan m\u00e1s las crudas. Y ponerlas en remojo. Como hace mi padre. Ello me ayuda a recordar la casa de mi abuela y a mi t\u00eda separando piedras de las lentejas. Eso se hac\u00eda antes, cuando yo era muy peque\u00f1a y las lentejas en botes no se estilaban, o no exist\u00edan, cualquiera recuerda&#8230; las lentejas de antes, las de los paquetes, tra\u00edan piedras diminutas y grises, piedras \u00a0de verdad, de las del campo, chinitas, vamos, y que si no retirabas antes de cocinarlas luego pod\u00edan romperte una muela como poco.<\/p>\n<p>Ya est\u00e1n, grises y redondas, las pardinas que son las mejores. Que si mam\u00e1, vale, las pardinas. Todas derramadas sobre el arco-iris vegetal, poniendo la nota gris al asunto. C\u00f3mo en la vida, el lado colorido y el grado oscuro de las cosas, todo mezclado en un burbujeo de una hora de reloj. Una gama crom\u00e1tica en la olla de un viernes cualquiera, en la ma\u00f1ana de un catarro de invierno. Pero las palabras siguen gritando, pujando por salir a la realidad de ah\u00ed fuera. Quieren llegar, quiero que lleguen, a tus ojos y que la leas y entonces cobren por fin sentido. Porque solas en mi cabeza se aburren y no encuentran su destino, ni la l\u00f3gica de su existencia. \u00bfPalabras para ser calladas? \u00a1qu\u00e9 tonter\u00eda! me dicen. Y entonces les respondo: vale, voy, ya est\u00e1 bien de tanta pereza. Pero lo haremos juntas, las lentejas y yo. Esta receta la vamos a cocinar en la mesa de la cocina. As\u00ed que cojo el port\u00e1til, celebrando la movilidad de la tecnolog\u00eda del siglo XXI, y me siento de espaldas a ellas, a las pardinas, a la olla y a las mondas lirondas de verduras sacrificadas por mi cuchillo de cocinero profesional. \u00a1Adelante! les digo, \u00a1acepto el desaf\u00edo de plasmar tanta jarana verborr\u00e9ica!<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde aprendiste a cocinar? La pregunta me la has hecho hace poco, en nuestra cotidianeidad. Una pregunta simple, de dos que est\u00e1n empezando algo. De dos que a\u00fan tienen muchas cosas que contarse y descubrirse. Y por alg\u00fan motivo ahora la pregunta est\u00e1 flotando entre todas la dem\u00e1s verbas energ\u00famenas, que siguen pujando por su sitio en este documento. \u00bfD\u00f3nde? respondo yo, sorprendida por tu inter\u00e9s sincero, por tu pregunta sencilla, por tu pregunta descolgada de la casualidad de una conversaci\u00f3n superfl\u00faa. Porque t\u00fa no haces preguntas de ascensor, para llenar los silencios al preparar la cena. No; t\u00fa me preguntas de verdad, con todos tus sentidos alerta esperando mi respuesta. Quieres conocerme m\u00e1s. As\u00ed que respondo de puntillas, como evadiendo la intimidad que reclamas: que no s\u00e9&#8230; que supongo que en la cocina, viendo a mi madre, y a mi padre, los dos grandes cocineros. A mi abuela, la de las empanadas de xoubas los domingos, empanadas que mi hermano y yo od\u00edabamos, pero que ella se empe\u00f1aba en cocinarnos porque pensaba que era nuestra preferida. A mi otra abuela, la de Madrid, que hac\u00eda Huesitos de Santo, mis preferidos, cuyo nombre siempre me resultaba algo extra\u00f1o desde mi educaci\u00f3n atea&#8230; Y tambi\u00e9n en la facultad, en aquellos a\u00f1os de pollo a la cerveza y lentejas de comedor universitario. Las primeras incursiones en la independencia de una adolescencia todav\u00eda pegada como lega\u00f1a a mi adultez reivindicada. A\u00f1os de quemar ajos y de vomitar el pollo, porque la resaca de la noche salmantina es de las peores y los intentos culinarios mejor dejarlos para el lunes o el martes, cuando no nos duela tanto la cabeza, que a\u00f1oche fue demasiado&#8230;<\/p>\n<p>Luego en mi primera experiencia de verdadera independencia, ya viviendo sola en un apartamento maldito que har\u00eda cambiar el rumbo de mi vida para siempre, cuando todav\u00eda cre\u00eda que mi camino ser\u00eda otro y estaba con las oposiciones, y compraba en el D\u00eda para llegar a fin de mes. Ya sabes esa historia&#8230;<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde con la llegada del primer trabajo, el primer sueldo, los a\u00f1os de la primera experiencia en pareja, el primer intento de cocinar en serio. De aquella, recuerdo los cocidos, los spaguettis, las croquetas&#8230; Luego de nuevo la cocina en soledad, para mi o para algunos amigos los fines de semana. Churrascos, fondues&#8230;\u00a1qu\u00e9 feliz era sinti\u00e9ndome cocinera graduada!<\/p>\n<p>Enseguida llegar\u00eda el nuevo giro a la izquierda y cambio de rumbo de nuevo. As\u00ed soy yo, a veces se me cruza el camino y me desv\u00edo, o me encuentro, yo que s\u00e9&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;y el segundo experimento acompa\u00f1ada. En estos a\u00f1os, el pollo con zanahorias, las butifarras, las fabes, las fideu\u00e1s, la cocina Mediterr\u00e1nea compitiendo con la Gallega. Finalmente se impuso la Gallega, claro. En estos a\u00f1os me aventuraba con la reposter\u00eda, las tartas para alg\u00fan amigo catal\u00e1n que ven\u00eda a vernos y a hacer fotos de mi casa, la r\u00fastica, la gallega. De estos d\u00edas recuerdo que a qui\u00e9n me acompa\u00f1aba le pon\u00eda nervioso que tardase tanto en hacer las lentejas. Y a mi me sorprend\u00eda su falta de respeto a tantos a\u00f1os de recetas y recetas de lentejas cocinadas despacio&#8230; Despacio est\u00e1n mas ricas dec\u00eda yo de pasada, para evitar enfrentarme a las diferencias que ya de aquella marcaban nuestros opuestos estilos de vivir la vida. Unas lentejas cocinadas a toda prisa, que ya eran vaticinio de una ruptura inevitable; una ruptura que llegar\u00eda como una olla spress al quitarle el tap\u00f3n&#8230; eso dijo precisamente un amigo al que le pedimos consejo en nuestro divorcio. Aquel d\u00eda yo lloraba mares de angustia. En cambio, qu\u00e9 gracia me hace ahora&#8230;<\/p>\n<p>&#8230;ahora. Aqu\u00ed y ahora, en una gestalt gastron\u00f3mica. Ahora la olla de esta mi cocina, la del aqu\u00ed y el ahora, est\u00e1 empezando a resoplar. Pide atenci\u00f3n, como un beb\u00e9 hambriento con lloriqueo in cresccendo. Primero empieza despacito, apenas un siseo de culebra. Poco a poco insiste en su sonido y lo eleva en sus decibelios. Trato de ignorarlo, porque estas verbas hoy est\u00e1n revueltas y necesitan su espacio en esta receta. As\u00ed que \u201ctipeo\u201d (\u00bfesta expresi\u00f3n existe en castellano? luego lo miro en la red..) enajenada: venga, dejadme solo un par de renglones m\u00e1s&#8230; \u00a0tecleo sorda al reclamo de la olla. Pero no puedo evadir a las pardinas que chillan, ahora s\u00ed deseperadas. El pitorro gira ya con fuerza, es una noria sin control que amenaza con saltar por los aires y estallar la tapa de mi olla de los a\u00f1os 60; si la que hered\u00e9 de mam\u00e1 cuando me fui a vivir con mi primer novio, y a la que pap\u00e1 el verano pasado le cambi\u00f3 la manivela. Para eso mi padre es estupendo; hace por mi cosas que yo siempre voy posponiendo en el ajetreo del stress diario. Menudo l\u00edo si se estalla una olla, \u00bfno? Todo el mundo conoce a la vecina de alguien a cuya madre le estall\u00f3 la olla en la cara y tuvo quemaduras de tercer grado. Caramba con las ollas, pienso yo en estos casos de leyendas urbanas&#8230;\u00a1hay que tener cuidado con ellas, que las carga el diablo! As\u00ed que me rindo, libero al pitorro, pitoche o como quiera que se le llame (\u00bfc\u00f3mo le llamas tu?) y escucho el vapor desparramarse por las paredes de mi cocina, la de ahora, la de paredes blanco roto porque me gusta el estilo provenzal en la decoraci\u00f3n. Menudo alivio debe ser esparcirse as\u00ed despu\u00e9s de tanta presi\u00f3n, pienso ahora. Escaparse por un agujerito, aunque sea peque\u00f1o, cuando has estado a punto de ser atrapado para siempre en un horno crematorio de pardinas asesinas. Ay, qui\u00e9n fuera humo, seguro que escribir\u00eda alg\u00fan poeta&#8230;para poder colarme por las rendijas de tu cocina y espiarte en tus secretos culinarios&#8230;<\/p>\n<p>Por fin las he abierto y all\u00ed estaban. Parecen m\u00e1s grandes, hinchadas. Ya no son grisaceas, ahora son parduzcas, y me est\u00e1n pididendo m\u00e1s agua. Estupendo, un rato m\u00e1s para concederles a nuestras palabras, las que te escribo ahora para que me conozcas un poco m\u00e1s. Los ajos flotan entre tanta verdura y lenteja como si fuesen salvavidas en un naufragio vegetariano. Los ajos espantan a los vampiros, \u00bfsab\u00edas? si, a los vampiros de esos que te chupan la sangre, que haberlos, hailos. Y me siento de nuevo en esta mesa de cocina, ahora pintada de blanco, pero que tiempo atr\u00e1s fue mesa de estudio, cuando yo ni siquiera ten\u00eda ordenador de torre en esta casa familiar. Me gusta comer en la cocina, y tomar la merienda con amigos en la cocina. Siempre me han gustado las cocinas. Creo que estar en ellas, cocinando, charlando, compartiendo los secretos de un amor de verano con mi madre o las noticas del tiempo con mi padre son recuerdos que siempre me acompa\u00f1an. El otro d\u00eda le dije a ella, a la Buba, que \u00faltimamente ya no recuerdo tantas cosas de cuando era ni\u00f1a. Me contest\u00f3 que era normal; que con el paso de los a\u00f1os volver\u00eda a recordar de nuevo. C\u00f3mo mis abuelas, que ahora solo se nutren de los recuerdos de su vida; es el suero que las mantiene con vida en estos a\u00f1os de sprint final. Pero los recuerdos de la cocina, de los guisos de mi padre, de las cenas de Navidad, la cocina del restaurante que mi madre tuvo en los 90, la cocina de la abuela Isabel, que nunca la moderniza ni la arregla&#8230; esos, siguen intactos. Creo que la cocina es lo m\u00e1s parecido a un \u00fatero en la tierra. All\u00ed es d\u00f3nde se preparan las recetas mas sabrosas, se tejen las confianzas y los descalabros familiares, se afianzan las relaciones, se comparten las tardes de lluvia y se preparan los pur\u00e9s de, ahora s\u00ed, mi primer hijo. Yo en las cocinas me siento segura y protegida. Esta cocina es blanca (me gusta el blanco roto, pero esto ya lo sab\u00edas) y aqu\u00ed desayuno cada d\u00eda con \u00e9l, el mejor de mis comensales, aquel por \u00e9l que m\u00e1s me esmero en mis platos y mis bizcochos. Miramos por las ventanas y vemos en el jard\u00edn el \u00e1rbol que su padre y yo plantamos cuando era un peque\u00f1o proyecto de vida en mi \u00a0vientre, al que le pusimos su nombre y que crece al ritmo de sus a\u00f1os de colegio. A veces desayunamos contigo tambi\u00e9n. Y a veces te esperamos para la cena. Y curiosamente, tu y yo, siempre comemos o cenamos o desayunamos en la cocina. Y nos parece lo m\u00e1s normal, porque supongo que a los dos nos gusta hacerlo as\u00ed y a ninguno le extra\u00f1a. A ti te gusta cocinar conmigo y me lo has dicho. Lo has dicho otro d\u00eda, de pasada, mientras hac\u00edamos la cena, pero no lo has dicho de broma. Lo has dicho con esa profundidad tuya y me has dejado de nuevo sin palabras. Sin palabras por no querer confesarte un antiguo recuerdo secreto: una ocasi\u00f3n, en la que cre\u00ed estar muy enamorada y en la que lo que m\u00e1s me apetec\u00eda era cocinar con aquel destinatario de mis prop\u00f3sitos amatorios, que rechazaba sin ning\u00fan tipo de reparo cualquier propuesta m\u00eda al respecto&#8230; Han tenido que pasar varios a\u00f1os para encontrar a alguien a quien lo cotidiano no le d\u00e9 miedo. A qui\u00e9n compartir una receta en la cocina le cause tanto placer como mi. A quien le guste tanto la cocina y cocinar y hablar en la mesa como a mi; porque no hay una buena comida sin una buena charla que la riegue de verbas compartidas; eso me lo ense\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n mi madre.<\/p>\n<p>Y llega el momento. Voy a ver c\u00f3mo van esas parduscas (\u00bf por cierto, por que se llaman lentejas?&#8230; &#8220;lentellas&#8221; ,&#8221;lentillas&#8221;, &#8220;lentils, todos vocablos parecidos en otros idiomas&#8230;)<\/p>\n<p>Las palabras han brotado en esta confesi\u00f3n tard\u00eda y ahora mi cabeza ya se ha liberado de ellas. Aqu\u00ed tienes, cari\u00f1o, pues, mi mejor respuesta: supongo que aprend\u00ed a cocinar, cocinando. Para finalizar y como no bebo vino, (eso ya lo sabes y t\u00fa tampoco lo bebes) la quiero aderezar con una propuesta: \u00bfquieres cocinar conmigo? Esta noche espero tu respuesta como postre, cuando te comas estas lentillas y con tu sonrisa de gourmet satisfecho me digas: \u00a1\u00a1estas lentejas est\u00e1n buen\u00edsimas!! Y lo dir\u00e1s con la vehemencia con la que siempre dices las cosas: vehemente, si; pero de pasada, como quien no quiere la cosa&#8230;<\/p>\n<p>P.D: La sabia internet da varias respuestas a lo del remojo de las pardinas. Supongo que la v\u00e1lida es la de que as\u00ed se ablandan, se hidratan y necesitan menos tiempo de cocci\u00f3n. As\u00ed que podr\u00edamos concluir, para quedarnos tranquilos, que las lentejas necesitan algo de remojo para ablandarse. Quiz\u00e1s como ocurre con los corazones congelados; la forma de derretirlos es ponerlos en remojo hasta que el hielo se derrita y libere su latido paralizado&#8230; (pero eso tu ya lo sab\u00edas tambi\u00e9n, \u00bfverdad?)<\/p>\n<p>Por cierto, me han quedado riqu\u00edsimas.<\/p>\n<p>Raquel Galav\u00eds<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto.jpg\" rel=\"lightbox[2291]\" title=\"la foto\"><img loading=\"lazy\" class=\"lazy alignnone size-full wp-image-2292\" title=\"la foto\" src=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/plugins\/jquery-image-lazy-loading\/images\/grey.gif\" data-original=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto.jpg\" alt=\"\" width=\"1280\" height=\"1280\" srcset=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto.jpg 1280w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-150x150.jpg 150w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-300x300.jpg 300w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-1024x1024.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><noscript><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-2292\" title=\"la foto\" src=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto.jpg\" alt=\"\" width=\"1280\" height=\"1280\" srcset=\"http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto.jpg 1280w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-150x150.jpg 150w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-300x300.jpg 300w, http:\/\/www.raquelgalavis.com\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/la-foto-1024x1024.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 1280px) 100vw, 1280px\" \/><\/noscript><\/a>\u00a0ya ver\u00e1s.<\/p>\n<div><\/div>\n<p><!-- PHP 5.x --><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Estoy cocinando lentejas. 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